No sabía de qué manera poder acercarse. Lo miraba, seguía sus movimientos. Siempre que podía buscaba la manera de coincidir en la puerta y quedar frente a frente. Intuía -porque siempre tuvo esa pequeña capacidad de intuición que la define- que de esa manera la incomodidad de las miradas iba a hacer florecer ese sentimiento oculto tal vez por el miedo de volver a salir lastimado.
Si le hablaban no escuchaba, todo alrededor era bullicio cuando él estaba ahí. El vaso de agua, llevar y traer platos, los restos del almuerzo, eran la excusa para estar cerca y aunque sea desde la mirada poder sentirlo. No sabe cómo pero al caer la tarde el pasto fue el perfecto colaborador. La incomodidad hacía que las ganas de levantarse fueran cada vez más insoportables. El miedo a que él hiciera lo mismo le daba terror. Quería hacerle entender que es una torpe y errante, capaz de aprender solamente del equívoco y de la ausencia de aquello que de verdad la hace felíz. Cerca pero lejos al principio. Lejos pero cerca y al final CERCA. Sintió que flotaba, que esa sensación del famoso cosquilleo estúpido en el que nunca creyó, se apoderaba de su panza. Pero en ese instante el miedo se hizo más fuerte. Como siempre, estaba logrando lo que quería -tal vez lo que más había deseado en mucho tiempo- pero la duda la llevó a sentir el vértigo de no saber que habrá después. Decidió, otra vez, dejar su vida en manos de quien sabe quien. No quería pensar pero pensaba, no quería escuchar pero lo hacía igual tomando opiniones hasta de los más ignorantes. Simpre buscaba algún pedacito de esperanza y la encontró. En él, en esa persona que hoy tiene la facilidad de sacarle su característico mal humor de cada día.
Si le hablaban no escuchaba, todo alrededor era bullicio cuando él estaba ahí. El vaso de agua, llevar y traer platos, los restos del almuerzo, eran la excusa para estar cerca y aunque sea desde la mirada poder sentirlo. No sabe cómo pero al caer la tarde el pasto fue el perfecto colaborador. La incomodidad hacía que las ganas de levantarse fueran cada vez más insoportables. El miedo a que él hiciera lo mismo le daba terror. Quería hacerle entender que es una torpe y errante, capaz de aprender solamente del equívoco y de la ausencia de aquello que de verdad la hace felíz. Cerca pero lejos al principio. Lejos pero cerca y al final CERCA. Sintió que flotaba, que esa sensación del famoso cosquilleo estúpido en el que nunca creyó, se apoderaba de su panza. Pero en ese instante el miedo se hizo más fuerte. Como siempre, estaba logrando lo que quería -tal vez lo que más había deseado en mucho tiempo- pero la duda la llevó a sentir el vértigo de no saber que habrá después. Decidió, otra vez, dejar su vida en manos de quien sabe quien. No quería pensar pero pensaba, no quería escuchar pero lo hacía igual tomando opiniones hasta de los más ignorantes. Simpre buscaba algún pedacito de esperanza y la encontró. En él, en esa persona que hoy tiene la facilidad de sacarle su característico mal humor de cada día.
1 comentario:
Te amo con toda mi alma, no te imaginas cuanto.
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