El 10 de abril pasado se cumplieron cuarenta años del día en que Paul McCartney confirmó su separación definitiva de los legendarios Beatles. Cada uno siguió su propio camino, muy diferentes uno del otro pero con un mismo hilo central, la música. John con Joko, Paul queriendo ser un showman, Ringo siempre Ringo y George con su filosofía india.
Los conflictos empezaron a surgir a partir de 1968. Los problemas para las grabaciones, la ausencia de manager por la muerte de Brian Epstein y la disputa en el grupo por quién sería el sucesor, la mala relación de los miembros con Joko y las diferencias por las aspiraciones futuras de cada uno de ellos, los celos y la competencia entre John y Paul fueron, entre otras, las principales causas del quiebre.
Sin duda el mundo entero quedó conmocionado y sorprendido por la noticia. Si bien se sabía que las internas en el grupo no eran como antes, uno no entiende ni sabe como diez años de éxito total pueden abandonarse de tal manera. Lo que sí sabemos es que los Beatles marcaron un antes y un después, son íconos incomparables de la música de los sesenta y para aquellos que dicen que no es asi, ¿por qué será entonces que perduran en el tiempo, en nuestras computadoras, reproductores, películas, fotos después de más de cuarenta años? Lo cierto es que toda esta inmensidad fue producto de tan solo diez años que duraron y seguirán durando toda una vida.






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