"Pero a veces llegaba un día, un día gris (o soleado) en el que lo echaba de menos con tal intensidad que se sentía vacía... dejaba de ser mujer para convertirse en un árbol hueco y atenazado por el frío de julio. Asi se sentía en aquél instante, con ganas de gritar su nombre para traerlo a casa, y su corazón se encongió ante la perspectiva de los días que tenía por delante y se dijo que el amor no valía la pena si el precio era sentirse así, aunque solo fuera por diez segundos"
No hay comentarios:
Publicar un comentario